ESTA CURIOSA CASA DE CINCO PISOS, SITUADA EN EL BARRIO DE SHEPHERD'S BUSH.

Me gusta:

Compartir:

Así es la casa más estrecha de Londres a la venta por más de un millón de euros

 

Hay un refrán que me dijeron de pequeño sobre el uso del « búfalo entero« que se me quedo grabado. Siempre he interpretado que tiene cierta reverencia sobre la cultura de Dakota, una de las dos bandas nativas entre las que vivo aquí en Minnesota, por lo que pido disculpas de antemano si ese no es el entendimiento que comparten los demás.

El refrán sugiere que Dakota, como ingeniosos y frugales – aunque también pobres en recursos – encontraría formas de utilizar cada parte de un búfalo, o cualquier otro animal, planta o tierra que utilizaran para su supervivencia. Como lo aprendí, la lección fue que no debemos malgastar lo que tenemos, si no encontrar la manera de aprovechar al máximo todo lo que se nos ha dado. El subtexto era que solo los necios o los glotones desperdician sus recursos.

Todavía lo creo, aunque a medida que mi vida ha progresado y se ha vuelto mucho más acomodada que la de mis abuelos o incluso mis padres, los estadounidenses de hoy viven en una asombrosa riqueza, a pesar de las relativas medidas entre clases – me encuentro menos sensible a los residuos de lo que me educaron. Reconozco como, en algunos aspectos, la cultura de la abundancia en estados unidos me ha vuelto glotón.

La gula es un vicio, una de las cosas que más nos horroriza acerca de la desigualdad de la riqueza es cuando los súper ricos malgastan los recursos por el mero hecho de mal gastarlos (aunque esta reacción es matizada por quienes han estudiado la biología evolutiva). Ya en el 2017, hemos escrito acerca de cómo el césped se convirtió en un símbolo de estatus de la nobleza porque solo ellos tenían la capacidad de desperdiciar tanta tierra cultivable en el cultivo de una hierba decorativa. En el futuro, es probable que los historiadores reconozcan el mismo comportamiento en nosotros en cuanto a nuestros automóviles.

Teniendo esto en cuenta, entenderás la impresión que me causó leer que la casa más flaca de Londres se ha puesto a la venta por 1,3 millones de dólares. La casa es solo 6 pies de ancho y se asienta en 0,02 hectáreas lo que le da una productividad financiera de 54,8 millones de dólares por hectárea. Eso es un nivel de productividad asombroso, especialmente en una casa de dos dormitorios. Para comparar, La típica tienda de cajas grandes cuesta alrededor de 0,5 millones de dólares por hectárea y la famosa pizzería Jimmy’s que utilizo en muchas de mis presentaciones cuesta 3,4 millones de dólares por hectárea.

Además de estar impresionado, me gustaría destacar dos aspectos de la historia. El primero y más fácil es que Londres es realmente caro, cuando un barrio se convierte en un lugar en el que la gente quisiera estar, hay un enorme incentivo para utilizar todos los recursos disponibles. Cuando el espacio se convierte en un bien escaso, la gente ideara formas ingeniosas de hacer un uso creativo de ese espacio. Esto lo vemos en la casa más estrecha de Londres, pero también en la «casa delgada» de Londres y en muchas otras casas delgadas que puedes encontrar a través de una búsqueda en Google.

Mi favorita es La vivienda flatarion de Jeff Speck en Washington D.C. Jeff es una de esas personas inteligentes que no solo tuvo la imaginación para utilizar el espacio, pero también sabía cómo navegar por el proceso de nueve meses para conseguir su aprobación. Ese esfuerzo valió la pena porque el terreno en DC es muy caro. Pero, incluso cuando el terreo no es tan caro – como en Peoria, Illinois – hay incentivos para aprovechar al máximo los recursos disponibles, como lo hizo el Despacho de Abogados Gary Morris. Y creo que esto se acerca más a la segunda toma de contacto, la idea de «búfalo entero« de aprovechar al máximo los recursos disponibles.

No me es claro cuántos años tiene la casa más estrecha de Londres, pero si descubrí que es más antigua que cualquier casa que siga en pie en Nueva York o Boston, esto no sería una sorpresa para mí. Es ciertamente más antigua que cualquier estructura en mi parte de Minnesota. Eso significa que se construyó en una época, y en un lugar, en que Londres era mucho más pobre que hoy, cuando el terreno de esta manzana era mucho menos valioso.

Sin embargo, mira la intensidad con la que utilizaron esa tierra. Mira cómo consumieron todo el búfalo, exprimiendo cada pedacito de valor de lo que tenían. Este patrón se repite una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad en todos los lugares donde los recursos son escasos.

Hoy en día, tiramos terrenos valiosos para aparcamientos y zonas de amortiguación y bermas paisajísticas que en realidad degradan un barrio. Somos glotones, de la tierra urbanizada y la despilfarramos a un ritmo alucinante. Como digo en muchas de mis presentaciones: la mayoría de las ciudades estadounidenses son grandes vacíos con un edificio metido aquí y allá.

La gran pregunta que presenta la casa más estrecha de Londres es realmente porque, cuando parece que tenemos escasez de recursos, cuando parece que no hay suficiente para todos, ¿seguimos construyendo nuestras ciudades como si tuviéramos recursos para despilfarrar? ¿Por qué, incluso en las ciudades más caras, no utilizamos todo el terreno disponible? ¿Por qué, en los lugares más pobres, no damos rienda suelta a la creatividad humana para aprovechar mejor todo lo que hemos invertido?
La respuesta es triste: nuestras ciudades no fueron diseñadas para responder las necesidades de la población que viven en estas, las ciudades estadounidenses ya no sirven como hábitat humano, como entornos adaptativos complejos en los que los humanos co-crean el espacio respondiendo a las tensiones y oportunidades del entorno. No, en cambio, como casi todo lo que hemos construido en el último siglo, responden a los flujos de capital.

Hemos creado un nuevo enfoque de desarrollo que nos sirve, pero ahora la servimos. Construimos las infraestructuras para que nos sirvieran, pero ahora las servimos nosotros. Creamos gobiernos y empresas y mercados de capitales para que nos sirvieran, pero ahora les servimos a ellos. Nuestras ciudades no nos sirven: son máquinas de la macroeconomía.
Construir lugares con muchas manos desde la base es complicado y está lleno de desafíos, pero también nos da la capacidad de evolucionar y adaptarnos para satisfacer las necesidades de nuestros amigos y vecinos. La casa más delgada de Londres es una adaptación de personas hambrientas de recursos. Si tu comunidad se siente hambrienta de recursos, es hora de inclinarse por la adaptación. Es hora de empezar a construir un pueblo fuerte.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EnglishFrenchGermanHindiSpanish